viernes, 21 de diciembre de 2012

Las serpientes y su veneno

Tomamos esta fantástica entrada del blog Anfibios y Reptiles de la Rioja


 Esta entrada va forzosamente ligada a esta otra...

 El hombre ha desconfiado de las serpientes desde la noche de los tiempos. Ni más ni menos, el miedo a los ofidios es una reacción innata que compartimos todas las especies de primates. Con esta entrada, y puesto que hace algunos meses quedó pendiente tratar sobre asuntos ponzoñosos, nos sobrepondremos a nuestros temores más primigenios y trataremos de entender un poco mejor a estas fascinantes criaturas.


Una vez acorralada, esta hembra de Víbora Áspid (Vipera aspis) prepara sus colmillos dispuesta a todo.


 ¿Por qué tienen veneno?

 En la naturaleza nada es por casualidad y las serpientes venenosas no iban a ser menos. Tras haber perdido las patas por el camino de la evolución, muchas especies de serpientes -a excepción de las grandes constrictoras- se convirtieron en seres más o menos débiles y potencialmente vulnerables, que privados de garras, patas y mandíbulas armadas de poderosos dientes lo tenían un poquito complicado una vez llegado el momento de atacar o defenderse. Obligadas a tener que dominar y matar por constricción, las serpientes no venenosas a menudo son heridas por presas que se defienden con su último aliento. Por eso, algunas de ellas desarrollaron a partir de su propia saliva un veneno con el que poder matar a sus presas fácilmente... sin entrar en una lucha cuerpo a cuerpo, sin sufrir mordiscos. En algunas especies además, el veneno sirvió ya de paso para disuadir a sus enemigos, los cuales aprendieron rápidamente que había que tener cuidado con ellas, pues sus irrisorias fauces se habían transformado en una efectiva arma de consecuencias muy dolorosas, en ocasiones incluso mortales.


  Clases de veneno...

 Como ya he dicho el veneno de las serpientes consiste en saliva modificada. Debido a ello, contiene un alto número de enzimas digestivas, o lo que es lo mismo, proteínas capaces de fragmentar otras proteínas y de romper las membranas celulares. De modo que para que resulte efectivo el veneno debe penetrar en los tejidos o el torrente sanguíneo de la víctima, por lo que la serpiente necesita inocularlo a través de unos dientes especiales, los cuales se encuentran conectados mediante un conducto a unas glándulas productoras de una saliva especialmente activa, perdón... quise decir de veneno. Su potencia, composición y efectos varían enormemente según la especie de serpiente, la cantidad inoculada o la naturaleza de la víctima, pudiendo distinguirse tres clases principales...

-Venenos de efecto neurotóxico: Afectan al sistema nervioso central, siendo capaces de impedir la transmisión de impulsos, causando parálisis musculares y produciendo la muerte por parada cardiorespiratoria una vez que el diafragma y el corazón quedan afectados.

-Venenos de efecto citotóxico: Afectan a los tejidos, produciendo la inflamación y destrucción de estos en torno al lugar de la mordedura e incluso llegando a gangrenar todo el área afectada.

-Venenos de efecto hemotóxico: Afectan a la sangre, destruyendo los glóbulos rojos y teniendo un efecto coagulante. Paradójicamente también pueden causar fatales hemorragias tanto internas como externas, al ser destruidas también plaquetas y otros factores internos de coagulación.


  ...y clases de serpientes

 Dentro de este apasionante proceso evolutivo, las serpientes venenosas no sólo se conformaron con convertir su saliva en un elixir de muerte, también se cuidaron de perfeccionar la forma de inocularlo a sus víctimas del modo más eficiente a fin de no desperdiciar tan valiosa ponzoña. En función a esta especialización, las serpientes se clasifican de acuerdo a la tenencia o no de dientes inoculadores de veneno -lo que vulgarmente llamamos colmillos- y la forma de estos...

Serpiente aglifa: Sin colmillos inoculadores de veneno.
 -Serpientes aglifas: Son aquellas que carecen de veneno y por tanto de colmillos adaptados para su inoculación. Todos sus dientes son simples, más o menos cortos y curvados hacia el interior de la boca para impedir que sus presas se suelten fácilmente. Este grupo incluye varias familias de serpientes primitivas, como las boas y pitones -familia Boidae-, o las serpientes vermiformes -familia Typhlopidae-. Así como a la gran mayoría de las culebras -familia Colubridae-.

Serpiente opistoglifa: Colmillos cortos, acanalados y situados en la parte
 posterior del maxilar superior.
 -Serpientes opistoglifas: Son aquellas especies de colúbridos más modernos, que han desarrollado un rudimentario aparato inoculador. Poseen unos dientes acanalados situados en la parte posterior de la mandíbula superior a través de los cuales gotea el veneno, teniendo como función reducir a sus presas mientras estas son tragadas. Aunque existe un puñado de especies tropicales que pueden ser peligrosas, por norma general su veneno es muy poco activo y resultan inofensivas para el ser humano.

Serpiente proteroglifa: Colmillos más grandes, con un canal casi
totalmente cerrado y situados en la parte anterior del maxilar superior.
 -Serpientes proteroglifas: Representan un paso más en esta perversa carrera. Sus dientes inoculadores son más grandes y ya no se encuentran en la parte posterior de la mandíbula superior, sino al principio. Además, el canal a través del cual gotea el veneno se ha cerrado casi por completo, por lo que este es inoculado con mucha mayor eficacia. Pese a ello, todavía deben sujetar a sus víctimas durante algún tiempo para que el veneno cause efectos devastadores en estas. Serpientes proteroglifas son por ejemplo las cobras, mambas y serpientes coral -familia Elapidae-, así como las serpientes marinas -familia Hidrophidae-. Ambas familias, poseen generalmente un veneno neurotóxico muy activo, que convierte a unas cuantas de ellas en las especies más peligrosas del mundo.

Serpiente solenoglifa: Enormes colmillos retráctiles y huecos debido
a que el canal se encuentra totalmente cerrado.
 -Serpientes solenoglifas: Los soneloglifos logran el aparato venenoso perfecto... Sus dientes inoculadores adquieren un movimiento retráctil, pues han crecido tanto en tamaño que la serpiente ya no puede cerrar la boca con ellos desplegados. De modo que cuando la serpiente se encuentra en reposo, sus colmillos se encuentran recogidos en unos sacos mucosos, desplegándose justo en el momento previo al ataque. Pero no acaba ahí la cosa, el canal del veneno se ha cerrado por completo, adquiriendo el diente el diseño de una aguja hipodérmica. De este modo se reduce el tiempo de inoculación a unas décimas de segundo en las que la serpiente, como si de una jeringuilla se tratara, inyecta gran cantidad de veneno a presión sobre su víctima, la cual no tiene apenas opción de defenderse ante tan fulgurante ataque. Serpientes solenoglifas son las víboras, serpientes de cascabel y demás especies emparentadas -familia Viperidae-. Sus venenos suelen ser citotóxicos y/o hemotóxicos, incluyéndose dentro de este grupo algunas especies muy peligrosas.


  Nuestras serpientes venenosas; No tan fieras como las pintan...

Debido a su pequeño tamaño, esta Culebra de Cogulla Occidental
 (Macroprotodon brevis) es incapaz de alcanzarnos
con sus pequeños colmillos opistoglifos.
 En la Península Ibérica existen un total de 5 especies de serpientes venenosas, dos de ellas son opistoglifas -la Culebra de Cogulla (Macroprotodon brevis) y la Culebra Bastarda (Malpolon monspessulanus)-, mientras que las otras tres restantes, son solenoglifas -la Víbora Áspid (Vipera aspis), la Víbora Hocicuda (Vipera latastei) y la Víbora Cantábrica (Vipera seoanei)-. En la Comunidad Autónoma de La Rioja, sólo están presentes la Culebra Bastarda y las víboras áspid y hocicuda. Ni en nuestras latitudes, ni en todo el continente europeo existen serpientes de dentición proteroglifa.

Para esta mordedura de Culebra Bastarda
 (Malpolon monpessulanus), no fue necesaria
la asistencia sanitaria, remitiendo el dolor y la
hinchazón a las pocas horas.
 Foto: Héctor García.
 Aunque matan animales pequeños en pocos minutos, en ningún caso los venenos de la Culebra de Cogulla, ni de la Culebra Bastarda resultan peligrosos para las personas. Es más, el hecho de poseer tal y como hemos visto los colmillos en la parte posterior de la boca, hace que sea muy difícil que estos lleguen a clavarse en el transcurso de una mordedura defensiva normal. Únicamente la culebra bastarda -debido a su mayor tamaño- podría llegar a inocularnos su veneno si la mordedura se produjera por ejemplo en un dedo -algo harto improbable si se deja al animal tranquilo-. En ese caso, los efectos de su mordedura consistirían en una ligera hinchazón, menos dolorosa que la picadura de una abeja, que pasaría en pocas horas sin necesidad de recibir asistencia sanitaria.

 Más seria resulta la mordedura de las víboras, aunque sin lugar a duda, no tanto como la mayoría de la gente cree. Bien cierto es que antaño, la picadura de una víbora podía ser mortal -nunca de necesidad-, como también podía serlo la apendicitis... Hoy en día los avanzados tratamientos médicos anulan los efectos del veneno sin problemas y aunque existen factores de riesgo frente al veneno de nuestras víboras -niños pequeños, ancianos o personas anormalmente sensibles- podemos considerar como algo excepcional la muerte de un ser humano como consecuencia de su picadura. El veneno de nuestras víboras es débil, tanto es así que en la mayoría de los casos atendidos ni siquiera se utiliza el denominado suero antiofídico, sino que el tratamiento se limita a contrarrestar la sintomatología -dolor, inflamación y enrojecimiento del área afectada -. En Europa, son más las personas que mueren al año debido a complicaciones de picaduras de garrapatas, abejas y avispas, que por mordeduras de serpientes venenosas.


 ¿Qué hacer y que no hacer ante una mordedura?

 Estamos acostumbrados a ver en televisión, e incluso a leer en libros y guías de toda clase, una serie de primeros auxilios a tomar ante la picadura de una serpiente venenosa. Pues bien, a veces se sugieren verdaderas temeridades. A continuación veremos algunas medidas y su verdadera utilidad. Las lecciones de supervivencia, dejadlas para las películas del oeste y los payasos televisivos...

 -Capturar a la serpiente para poder identificarla: ¡No! Tratar de capturar -viva o muerta- a la serpiente que produjo la mordedura aumenta el riesgo de que se produzcan nuevas mordeduras. Además, en nuestras latitudes, con sólo tres especies de víboras -cuya distribución apenas coincide y cuyos venenos son poco potentes y muy similares-, identificar la especie que produjo la mordedura no tiene relevancia a la hora de tratar los efectos del veneno.
 -Tranquilizar al accidentado y esperar los primeros síntomas: ¡Sí! Puede sonar a chiste ante una situación así, pero tranquilizar a la persona mordida puede ser crucial, pues un pulso acelerado ayudará a extender el veneno más rápidamente a través del organismo. Si transcurrida media hora, no se manifiesta síntoma alguno, la serpiente o bien no era venenosa, o bien no inoculó veneno -cosa que también sucede-.
 -Hacer un corte en la herida y chupar la sangre: ¡No! Hacer esta barbaridad, aparte de ser muy traumático para la víctima, aumenta la lesión, el riesgo de infección y la difusión del veneno al entrar este en contacto con una cantidad mucho mayor de sangre.
 -Colocar un torniquete: ¡No! Otra burrada... Un torniquete puede generar males mucho mayores que los de la propia mordedura en sí -por ejemplo amputación-. Además, lo que menos necesita un miembro afectado por una mordedura de serpiente es que se dificulte la irrigación sanguínea, pues aumenta el riesgo de gangrena.
 -Si el miembro afectado es un brazo, inmovilizarlo en cabestrillo: ¡Sí! Cuanto menos se mueva mejor, más tardará en extenderse el veneno. Del mismo modo el afectado debe caminar despacio y sin realizar esfuerzos.
 -Tranquilizar al accidentado: ¡Sí! Ya sé que está repetido, pero nunca estará demás recordárselo constantemente. En nuestras latitudes, ningún caso de mordedura por vipérido resultará mortal en menos de 24 horas y eso no sucederá pues llegaremos mucho antes al médico.
 -Adminstrar a la víctima café, bebidas alcoholicas o medicamentos: ¡No! Como ya hemos visto, los estimulantes no nos hacen ninguna falta, pues aceleran el pulso cardíaco y la difusión del veneno. Por otro lado, la administración contra el dolor de medicamentos u otras drogas puede ser muy peligroso, pues no sabemos como puede reaccionar el cuerpo ante su combinación con el veneno.
 -Poner hielo en la mordedura para bajar la hinchazón: ¡No! Debido a su acción vasoconstrictora el hielo es nuestro enemigo a la hora de tratar la picadura, pues ante el envenenamiento favorece la destrucción de los tejidos y su necropsia.
 -Remedios populares: ¡No! Ni caso a las ancestrales curas de abuelas, pastores o curanderos, pues carecen de cualquier base científica ni sentido común. Pudiendo incluso ser peor el remedio que la enfermedad.
 -Evacuar a la víctima a un centro sanitario en la mayor brevedad posible: ¡Sí! Sin duda esta la opción más importante, acudir al médico cuanto antes para que este evalúe la gravedad del envenenamiento y tome las medidas necesarias para superarlo.

 Que quede bien claro. En nuestro país ante la mordedura de una víbora no hay que dramatizar, tan sólo es necesario mantener la calma, tranquilizar al herido en todo momento y buscar atención médica cuanto antes.

 A parte de lo expuesto, nunca está de más recordar que una serpiente lo primero que intentará nada más vernos es huir y que sólo atacará si se ve amenazada. El veneno lo inventaron para conseguir alimento, no para emponzoñar personas. De hecho, está de sobra demostrado que las serpientes inoculan mucho menor cantidad de veneno en una mordedura defensiva que en una mordedura destinada a matar una presa y que aproximadamente el 20-30% de las mordeduras defensivas constituyen lo que se conoce como "mordeduras secas", es decir, mordeduras en las que la serpiente ni siquiera inocula veneno, pues lo guardan como oro en paño, ya que malgastarlo les supone ayunar.

 Como hemos podido ver, el miedo y el odio exacerbado que mucha gente tiene hacia los ofidios no está en absoluto justificado. Aunque tampoco vayamos ahora por ahí subestimándolos, pues como hemos visto, no todos son inofensivos -hoy día una víbora no te matará, pero si te muerde te dejará un amargo recuerdo-. RESPETO es la palabra más adecuada y sin duda, también lo que merecen.

     Herpetosaludos!

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