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martes, 12 de marzo de 2013

Galápago Europeo, especie del año 2013

La Asociación Herpetológica Española (AHE) elige la Especie del Año para llamar la atención sobre alguna de las especies de la herpetofauna española que merece una atención especial por presentar problemas de conservación. La especie elegida para sustituirla durante el año 2013, ha sido el galápago europeo (Emys orbicularis).


Para el envío de citas de cualquier especie de galápago, tanto autóctono como alóctono (histórica o actual), para actualizar la base de datos y generar un mapa que refleje la distribución real de la especie: conservacion@herpetologica.org

lunes, 11 de febrero de 2013

El veneno de los anfibios

Otra excepcional entrada sobre veneno que encontramos en Anfibios y Reptiles de la Rioja

A pesar de que normalmente los anfibios no ostentan tan mala fama como las serpientes, no es raro oír historias sobre salamandras corruptoras de fuentes y abrevaderos o sobre repugnantes sapos escupidores de veneno. Todos estos mitos, rayan en el absurdo y el desconocimiento más espantoso, pues como veremos a continuación, el veneno de nuestros anfibios consiste en un método de defensa pasivo incapaz de causarnos ningún daño a las personas o animales domésticos.


 Qué manía con tener veneno... ¿Por qué?

 Casi sobra aclarar para qué les sirve el veneno a unos animales pequeños, carentes de garras, incapaces de infringir mordeduras y que además, son más lentos que el caballo del malo... pues en efecto, una vez más es para defenderse de las muchas especies de predadores que les acechan.


Ante una amenaza potencial, este ejemplar macho de
Tritón Jaspeado (Triturus marmoratus) segrega veneno
 a través de sus glándulas parotídeas. 
 Todos los anfibios -no sólo las salamandras y los sapos- poseen a lo largo de su piel un número variable de glándulas venenosas. Estas glándulas, reciben el nombre de parotídeas
 -también llamadas parótidas o parotoideas-
y son las encargadas de segregar una serie de toxinas irritantes cada vez que el animal se enfrenta a un peligro. Como los anfibios no disponen de ningún medio de inocular veneno a sus enemigos -ya les gustaría a ellos poder escupirlo-, los pobres tienen que arriesgarse a ser "probados" por las fauces de su potencial verdugo. Es entonces cuando el veneno que cubre su piel entra en escena, dándoles un desagradable sabor e irritando las mucosas del agresor. En la mayoría de las especies se trata de un veneno muy poco activo, pero lo suficientemente potente como para que el depredador escupa a su presa asqueado y pase un mal rato.


 Un traje de fiesta para una piel venenosa

Esta Salamandra (Salamandra salamandra fastuosa) luce brillantes
colores que avisan sobre su toxicidad.
 Muchos pensamos que una defensa que consiste en que un depredador te pruebe, no es ni mucho menos la mejor de las defensas. Por ello, son muchos los anfibios que han desarrollado una piel dotada de llamativos diseños y colores -coloración aposematica-. No parecen muy espabilados estos animales, pues salta a la vista que un traje de colorines no es la mejor forma de pasar inadvertido... pero ahí es cuando entra en juego la asociación del color al recuerdo de una mala experiencia. Si un animal que las pasó canutas la última vez que se comió a un anfibio de brillantes colores, probablemente se lo pensará mejor la próxima vez que encuentre cualquier presa parecida, es así de sencillo.

 No obstante, hay que aclarar que en nuestras latitudes son muy pocas los anfibios que lucen una coloración de este tipo, confiando la mayoría de las especies europeas en pasar inadvertidas mediante una coloración críptica que les ayude a confundirse con su entorno.


 ¿Qué puede hacernos un anfibio?

 Pues nada, ¿qué nos va a hacer?... Si lo cogemos con las manos lo más seguro es que nos haga sus necesidades encima, bien de miedo o bien como medida disuasoria
 -probablemente las dos cosas-. Si comenzamos a manosearlo, es probable que sus glándulas parotídeas comiencen a exudar el veneno, que tiene un aspecto lechoso. Como ya dije, éste sólo actúa en contacto con las mucosas y puesto que es incapaz de atravesar nuestra piel, no tendrá ningún efecto sobre nosotros a menos que tras su manipulación nos metamos los dedos en la boca, la nariz o los ojos. Por propia experiencia -sólo el hombre tropieza dos veces en la misma piedra- sé lo que se siente al frotarse los ojos tras haber manipulado especímenes de Ranita de San Antonio (Hyla arborea) y Ranita Meridional (Hyla meridionalis); Escozor... escozor puro y duro, pero únicamente eso. Algo similar a cuando te entra champú en la ducha, nada grave que no se pase al cabo de un rato y que no se alivie lavando los ojos con abundante agua. Nada que requiera atención sanitaria, ni mucho menos nada que produzca ceguera de ninguna clase. Es decir, son INOFENSIVOS.


Rana Veneno de Flecha (Ameerega sp.) perteneciente a la familia
 de los Dendrobátidos, fotografiada en Ojos de Agua -Perú-.
 Foto: César Aguilar.
 Claro que también hay unas pocas especies de anfibios cuyas toxinas son muy potentes. Algunas especies tropicales como el Sapo Gigante (Rhinella marina) o las ranas veneno de flecha (Fam: Dendrobatidae), poseen venenos neurotóxicos muy activos. De hecho, las ranas veneno de flecha son célebres por la utilización que hacen de ellas algunas tribus amazónicas, las cuales, impregnan sus flechas y dardos con el veneno de las ranas para cazar especies tan huidizas como aves y monos. En cualquier caso su veneno, por potente que sea, no puede penetrar a través de nuestra piel por si sólo, por lo que resultaría exagerado considerar a estos animales como algo peligroso para las personas.


 Pese al veneno, los anfibios no son invulnerables y son muchísimos los depredadores que los ingieren como parte de una dieta más variada. Unos son más resistentes que otros, otros son inmunes y otros simplemente sufren las consecuencias de devorarlos con piel. Por cierto... hay especies que han aprendido a despellejarlos limpiamente antes de dar buena cuenta de ellos, como por ejemplo algunos mustélidos -nutria, turón, visón, etc.- o también nosotros mismos, los humanos.


Detalle de la glándula parotídea de un Sapo Común (Bufo bufo spinosus). A diferencia de lo que mucha
gente cree los sapos no escupen veneno, sino que lo segregan a través de sus glándulas parotídeas
situadas tras los ojos.


 Los anfibios son animales insectívoros que juegan un papel fundamental en nuestros ecosistemas. Prácticamente se encuentran en la base de la pirámide alimenticia, por lo que muchas especies se alimentan y dependen en mayor o menor grado de su presencia. Igualmente su labor insecticida resulta imprescindible, al igual que la de las libélulas, que prácticamente no comen otra cosa que mosquitos cuando son adultas y renacuajos cuando son larvas. Un mundo sin anfibios bien podría equivaler a un mundo sin libélulas, y si ya nos parece que hay muchos mosquitos en torno a las zonas húmedas, tratemos de imaginar un mundo sin depredadores de mosquitos...

 Pobres, bastante tienen con el cambio climático, las enfermedades que les acechan y con los venenos que vertemos al campo, como para que encima los consideremos dañinos.

viernes, 21 de diciembre de 2012

Las serpientes y su veneno

Tomamos esta fantástica entrada del blog Anfibios y Reptiles de la Rioja


 Esta entrada va forzosamente ligada a esta otra...

 El hombre ha desconfiado de las serpientes desde la noche de los tiempos. Ni más ni menos, el miedo a los ofidios es una reacción innata que compartimos todas las especies de primates. Con esta entrada, y puesto que hace algunos meses quedó pendiente tratar sobre asuntos ponzoñosos, nos sobrepondremos a nuestros temores más primigenios y trataremos de entender un poco mejor a estas fascinantes criaturas.


Una vez acorralada, esta hembra de Víbora Áspid (Vipera aspis) prepara sus colmillos dispuesta a todo.


 ¿Por qué tienen veneno?

 En la naturaleza nada es por casualidad y las serpientes venenosas no iban a ser menos. Tras haber perdido las patas por el camino de la evolución, muchas especies de serpientes -a excepción de las grandes constrictoras- se convirtieron en seres más o menos débiles y potencialmente vulnerables, que privados de garras, patas y mandíbulas armadas de poderosos dientes lo tenían un poquito complicado una vez llegado el momento de atacar o defenderse. Obligadas a tener que dominar y matar por constricción, las serpientes no venenosas a menudo son heridas por presas que se defienden con su último aliento. Por eso, algunas de ellas desarrollaron a partir de su propia saliva un veneno con el que poder matar a sus presas fácilmente... sin entrar en una lucha cuerpo a cuerpo, sin sufrir mordiscos. En algunas especies además, el veneno sirvió ya de paso para disuadir a sus enemigos, los cuales aprendieron rápidamente que había que tener cuidado con ellas, pues sus irrisorias fauces se habían transformado en una efectiva arma de consecuencias muy dolorosas, en ocasiones incluso mortales.


  Clases de veneno...

 Como ya he dicho el veneno de las serpientes consiste en saliva modificada. Debido a ello, contiene un alto número de enzimas digestivas, o lo que es lo mismo, proteínas capaces de fragmentar otras proteínas y de romper las membranas celulares. De modo que para que resulte efectivo el veneno debe penetrar en los tejidos o el torrente sanguíneo de la víctima, por lo que la serpiente necesita inocularlo a través de unos dientes especiales, los cuales se encuentran conectados mediante un conducto a unas glándulas productoras de una saliva especialmente activa, perdón... quise decir de veneno. Su potencia, composición y efectos varían enormemente según la especie de serpiente, la cantidad inoculada o la naturaleza de la víctima, pudiendo distinguirse tres clases principales...

-Venenos de efecto neurotóxico: Afectan al sistema nervioso central, siendo capaces de impedir la transmisión de impulsos, causando parálisis musculares y produciendo la muerte por parada cardiorespiratoria una vez que el diafragma y el corazón quedan afectados.

-Venenos de efecto citotóxico: Afectan a los tejidos, produciendo la inflamación y destrucción de estos en torno al lugar de la mordedura e incluso llegando a gangrenar todo el área afectada.

-Venenos de efecto hemotóxico: Afectan a la sangre, destruyendo los glóbulos rojos y teniendo un efecto coagulante. Paradójicamente también pueden causar fatales hemorragias tanto internas como externas, al ser destruidas también plaquetas y otros factores internos de coagulación.


  ...y clases de serpientes

 Dentro de este apasionante proceso evolutivo, las serpientes venenosas no sólo se conformaron con convertir su saliva en un elixir de muerte, también se cuidaron de perfeccionar la forma de inocularlo a sus víctimas del modo más eficiente a fin de no desperdiciar tan valiosa ponzoña. En función a esta especialización, las serpientes se clasifican de acuerdo a la tenencia o no de dientes inoculadores de veneno -lo que vulgarmente llamamos colmillos- y la forma de estos...

Serpiente aglifa: Sin colmillos inoculadores de veneno.
 -Serpientes aglifas: Son aquellas que carecen de veneno y por tanto de colmillos adaptados para su inoculación. Todos sus dientes son simples, más o menos cortos y curvados hacia el interior de la boca para impedir que sus presas se suelten fácilmente. Este grupo incluye varias familias de serpientes primitivas, como las boas y pitones -familia Boidae-, o las serpientes vermiformes -familia Typhlopidae-. Así como a la gran mayoría de las culebras -familia Colubridae-.

Serpiente opistoglifa: Colmillos cortos, acanalados y situados en la parte
 posterior del maxilar superior.
 -Serpientes opistoglifas: Son aquellas especies de colúbridos más modernos, que han desarrollado un rudimentario aparato inoculador. Poseen unos dientes acanalados situados en la parte posterior de la mandíbula superior a través de los cuales gotea el veneno, teniendo como función reducir a sus presas mientras estas son tragadas. Aunque existe un puñado de especies tropicales que pueden ser peligrosas, por norma general su veneno es muy poco activo y resultan inofensivas para el ser humano.

Serpiente proteroglifa: Colmillos más grandes, con un canal casi
totalmente cerrado y situados en la parte anterior del maxilar superior.
 -Serpientes proteroglifas: Representan un paso más en esta perversa carrera. Sus dientes inoculadores son más grandes y ya no se encuentran en la parte posterior de la mandíbula superior, sino al principio. Además, el canal a través del cual gotea el veneno se ha cerrado casi por completo, por lo que este es inoculado con mucha mayor eficacia. Pese a ello, todavía deben sujetar a sus víctimas durante algún tiempo para que el veneno cause efectos devastadores en estas. Serpientes proteroglifas son por ejemplo las cobras, mambas y serpientes coral -familia Elapidae-, así como las serpientes marinas -familia Hidrophidae-. Ambas familias, poseen generalmente un veneno neurotóxico muy activo, que convierte a unas cuantas de ellas en las especies más peligrosas del mundo.

Serpiente solenoglifa: Enormes colmillos retráctiles y huecos debido
a que el canal se encuentra totalmente cerrado.
 -Serpientes solenoglifas: Los soneloglifos logran el aparato venenoso perfecto... Sus dientes inoculadores adquieren un movimiento retráctil, pues han crecido tanto en tamaño que la serpiente ya no puede cerrar la boca con ellos desplegados. De modo que cuando la serpiente se encuentra en reposo, sus colmillos se encuentran recogidos en unos sacos mucosos, desplegándose justo en el momento previo al ataque. Pero no acaba ahí la cosa, el canal del veneno se ha cerrado por completo, adquiriendo el diente el diseño de una aguja hipodérmica. De este modo se reduce el tiempo de inoculación a unas décimas de segundo en las que la serpiente, como si de una jeringuilla se tratara, inyecta gran cantidad de veneno a presión sobre su víctima, la cual no tiene apenas opción de defenderse ante tan fulgurante ataque. Serpientes solenoglifas son las víboras, serpientes de cascabel y demás especies emparentadas -familia Viperidae-. Sus venenos suelen ser citotóxicos y/o hemotóxicos, incluyéndose dentro de este grupo algunas especies muy peligrosas.


  Nuestras serpientes venenosas; No tan fieras como las pintan...

Debido a su pequeño tamaño, esta Culebra de Cogulla Occidental
 (Macroprotodon brevis) es incapaz de alcanzarnos
con sus pequeños colmillos opistoglifos.
 En la Península Ibérica existen un total de 5 especies de serpientes venenosas, dos de ellas son opistoglifas -la Culebra de Cogulla (Macroprotodon brevis) y la Culebra Bastarda (Malpolon monspessulanus)-, mientras que las otras tres restantes, son solenoglifas -la Víbora Áspid (Vipera aspis), la Víbora Hocicuda (Vipera latastei) y la Víbora Cantábrica (Vipera seoanei)-. En la Comunidad Autónoma de La Rioja, sólo están presentes la Culebra Bastarda y las víboras áspid y hocicuda. Ni en nuestras latitudes, ni en todo el continente europeo existen serpientes de dentición proteroglifa.

Para esta mordedura de Culebra Bastarda
 (Malpolon monpessulanus), no fue necesaria
la asistencia sanitaria, remitiendo el dolor y la
hinchazón a las pocas horas.
 Foto: Héctor García.
 Aunque matan animales pequeños en pocos minutos, en ningún caso los venenos de la Culebra de Cogulla, ni de la Culebra Bastarda resultan peligrosos para las personas. Es más, el hecho de poseer tal y como hemos visto los colmillos en la parte posterior de la boca, hace que sea muy difícil que estos lleguen a clavarse en el transcurso de una mordedura defensiva normal. Únicamente la culebra bastarda -debido a su mayor tamaño- podría llegar a inocularnos su veneno si la mordedura se produjera por ejemplo en un dedo -algo harto improbable si se deja al animal tranquilo-. En ese caso, los efectos de su mordedura consistirían en una ligera hinchazón, menos dolorosa que la picadura de una abeja, que pasaría en pocas horas sin necesidad de recibir asistencia sanitaria.

 Más seria resulta la mordedura de las víboras, aunque sin lugar a duda, no tanto como la mayoría de la gente cree. Bien cierto es que antaño, la picadura de una víbora podía ser mortal -nunca de necesidad-, como también podía serlo la apendicitis... Hoy en día los avanzados tratamientos médicos anulan los efectos del veneno sin problemas y aunque existen factores de riesgo frente al veneno de nuestras víboras -niños pequeños, ancianos o personas anormalmente sensibles- podemos considerar como algo excepcional la muerte de un ser humano como consecuencia de su picadura. El veneno de nuestras víboras es débil, tanto es así que en la mayoría de los casos atendidos ni siquiera se utiliza el denominado suero antiofídico, sino que el tratamiento se limita a contrarrestar la sintomatología -dolor, inflamación y enrojecimiento del área afectada -. En Europa, son más las personas que mueren al año debido a complicaciones de picaduras de garrapatas, abejas y avispas, que por mordeduras de serpientes venenosas.


 ¿Qué hacer y que no hacer ante una mordedura?

 Estamos acostumbrados a ver en televisión, e incluso a leer en libros y guías de toda clase, una serie de primeros auxilios a tomar ante la picadura de una serpiente venenosa. Pues bien, a veces se sugieren verdaderas temeridades. A continuación veremos algunas medidas y su verdadera utilidad. Las lecciones de supervivencia, dejadlas para las películas del oeste y los payasos televisivos...

 -Capturar a la serpiente para poder identificarla: ¡No! Tratar de capturar -viva o muerta- a la serpiente que produjo la mordedura aumenta el riesgo de que se produzcan nuevas mordeduras. Además, en nuestras latitudes, con sólo tres especies de víboras -cuya distribución apenas coincide y cuyos venenos son poco potentes y muy similares-, identificar la especie que produjo la mordedura no tiene relevancia a la hora de tratar los efectos del veneno.
 -Tranquilizar al accidentado y esperar los primeros síntomas: ¡Sí! Puede sonar a chiste ante una situación así, pero tranquilizar a la persona mordida puede ser crucial, pues un pulso acelerado ayudará a extender el veneno más rápidamente a través del organismo. Si transcurrida media hora, no se manifiesta síntoma alguno, la serpiente o bien no era venenosa, o bien no inoculó veneno -cosa que también sucede-.
 -Hacer un corte en la herida y chupar la sangre: ¡No! Hacer esta barbaridad, aparte de ser muy traumático para la víctima, aumenta la lesión, el riesgo de infección y la difusión del veneno al entrar este en contacto con una cantidad mucho mayor de sangre.
 -Colocar un torniquete: ¡No! Otra burrada... Un torniquete puede generar males mucho mayores que los de la propia mordedura en sí -por ejemplo amputación-. Además, lo que menos necesita un miembro afectado por una mordedura de serpiente es que se dificulte la irrigación sanguínea, pues aumenta el riesgo de gangrena.
 -Si el miembro afectado es un brazo, inmovilizarlo en cabestrillo: ¡Sí! Cuanto menos se mueva mejor, más tardará en extenderse el veneno. Del mismo modo el afectado debe caminar despacio y sin realizar esfuerzos.
 -Tranquilizar al accidentado: ¡Sí! Ya sé que está repetido, pero nunca estará demás recordárselo constantemente. En nuestras latitudes, ningún caso de mordedura por vipérido resultará mortal en menos de 24 horas y eso no sucederá pues llegaremos mucho antes al médico.
 -Adminstrar a la víctima café, bebidas alcoholicas o medicamentos: ¡No! Como ya hemos visto, los estimulantes no nos hacen ninguna falta, pues aceleran el pulso cardíaco y la difusión del veneno. Por otro lado, la administración contra el dolor de medicamentos u otras drogas puede ser muy peligroso, pues no sabemos como puede reaccionar el cuerpo ante su combinación con el veneno.
 -Poner hielo en la mordedura para bajar la hinchazón: ¡No! Debido a su acción vasoconstrictora el hielo es nuestro enemigo a la hora de tratar la picadura, pues ante el envenenamiento favorece la destrucción de los tejidos y su necropsia.
 -Remedios populares: ¡No! Ni caso a las ancestrales curas de abuelas, pastores o curanderos, pues carecen de cualquier base científica ni sentido común. Pudiendo incluso ser peor el remedio que la enfermedad.
 -Evacuar a la víctima a un centro sanitario en la mayor brevedad posible: ¡Sí! Sin duda esta la opción más importante, acudir al médico cuanto antes para que este evalúe la gravedad del envenenamiento y tome las medidas necesarias para superarlo.

 Que quede bien claro. En nuestro país ante la mordedura de una víbora no hay que dramatizar, tan sólo es necesario mantener la calma, tranquilizar al herido en todo momento y buscar atención médica cuanto antes.

 A parte de lo expuesto, nunca está de más recordar que una serpiente lo primero que intentará nada más vernos es huir y que sólo atacará si se ve amenazada. El veneno lo inventaron para conseguir alimento, no para emponzoñar personas. De hecho, está de sobra demostrado que las serpientes inoculan mucho menor cantidad de veneno en una mordedura defensiva que en una mordedura destinada a matar una presa y que aproximadamente el 20-30% de las mordeduras defensivas constituyen lo que se conoce como "mordeduras secas", es decir, mordeduras en las que la serpiente ni siquiera inocula veneno, pues lo guardan como oro en paño, ya que malgastarlo les supone ayunar.

 Como hemos podido ver, el miedo y el odio exacerbado que mucha gente tiene hacia los ofidios no está en absoluto justificado. Aunque tampoco vayamos ahora por ahí subestimándolos, pues como hemos visto, no todos son inofensivos -hoy día una víbora no te matará, pero si te muerde te dejará un amargo recuerdo-. RESPETO es la palabra más adecuada y sin duda, también lo que merecen.

     Herpetosaludos!

jueves, 20 de diciembre de 2012

Lagartijas de los Aquilianos

Tras una temporada en el dique seco, volvemos con un vídeo muy interesante en el que Pedro Galán Regalado nos da unas lecciones de herpetología (http://vimeo.com/55214243)

Lagartijas de los Aquilianos from Pepo on Vimeo.

domingo, 28 de octubre de 2012

Curso de Photoshop para Herpetólogos


En herpeto.org también encontramos este práctico curso de photoshop orientado a solucionar los problemas que pudieran encontrarse los herpetólogos.

Morfología externa de Anfibios Anuros

En herpeto.org encontramos una muy buena iniciativa interactiva para estandarizar algunas medidas morfológicas de anfibios anuros.




viernes, 6 de julio de 2012

La «sacavera» que populariza Piloña

Oviedo, 6 de julio

Luis Mario ARCE

La conocida como salamandra de Tendi, protagonista de una investigación por tráfico ilegal de ejemplares (denunciado por la Coordinadora Ecoloxista d'Asturies e investigado por la fiscalía de Medio Ambiente, que ha descartado que se trate de una trama organizada), es uno de los últimos hallazgos de la fauna asturiana: una subespecie o variación geográfica de la popular «sacavera», bautizada «alfredschmidti» por sus descubridores, los herpetólogos Gunther Köhler y Sebastian Steinfartz, en reconocimiento a otro investigador de la Sociedad Alemana de Herpetología (DGHT), Alfred A. Schmidt.

Una salamandra de la subespecie «alfredschmidti», de la variante amarilla, fotografiada en el monte Llaímo, en Redes.

Esta subespecie, descrita en febrero de 2006 en la revista «Salamandra», es exclusiva de Asturias y se caracteriza por su tendencia a una coloración muy uniforme, bien amarilla, con las típicas listas negras muy reducidas o ausentes, bien achocolatada o parduzco amarillenta. La salamandra de Tendi fue identificada originalmente en las cuencas de los ríos Tendi y Marea, en Piloña. Posteriormente, se localizó un ejemplar en el valle de Espinaréu, en ese mismo concejo, y también se atribuyó a esta raza una salamandra fotografiada en la década de los noventa en el monte Llaímo, en el parque natural de Redes, un dato que amplía hacia el Sur (y a la cuenca del Nalón) el área de distribución considerada inicialmente.


La salamandra común es un anfibio con amplias y complejas variaciones geográficas que han llevado a identificar hasta nueve subespecies en España, una de ellas elevada recientemente a rango de especie (salamandra penibética). Los estudios de sistemática molecular aplican un criterio más restrictivo y establecen seis grupos diferenciables. A expensas de los cambios que futuros trabajos genéticos puedan introducir, las poblaciones asturianas de salamandra común se atribuyen actualmente a la nueva subespecie «alfredschmidti», con la distribución enunciada, y al tipo «bernardezi», que ocupa el resto del territorio (también el nordeste de Galicia y el occidente de Cantabria).


Gunther Köhler y Sebastian Steinfartz realizaron su trabajo de campo en el año 2000 y compararon los resultados de los análisis morfológicos y de ADN mitocondrial con los obtenidos en otras poblaciones españolas. Su conclusión es que las salamandras de los valles Tendi y Marea presentan diferencias notables con respecto a «bernardezi» y a las otras razas ibéricas.


La salamandra común es un anfibio de los bosques húmedos, erróneamente considerado venenoso (sus secreciones cutáneas no provocan sino una leve irritación al contacto con los ojos o las mucosas) y maltratado por esa falsa creencia.

Fuente: Lne

jueves, 31 de mayo de 2012

Clave Identificación de Puestas de Anfibios

Para poder identificar los huevos y puestas de los anfibios primero hay que elegir las épocas y los lugares adecuados para cada especie. El mejor momento para localizar puestas de anfibios es tras las primeras lluvias primaverales, incluso en otoño e invierno si la temperatura no es muy baja. Aunque algunas especies son más tardías y empiezan a criar en mayo.

Guía puestas anfibios
 
Para una correcta identificación es necesario etender a la forma y tamaño de las puestas, y en menor medida al color de los huevos, pues este puede variar según su estado de desarrollo. En muchos casos es determinante el lugar donde se situa la puesta, pues cada especie elige un ambiente diferente para ubicarla.

lunes, 7 de mayo de 2012

Clave Identificación Larvas de Anfibios

Las larvas de anfibios tienen una morfología muy particular y cada especie posee unos rasgos distintivos que nos permiten diferenciar unas de otras.

 El espiráculo es uno de los rasgos que nos va a permitir diferenciar especies: se trata de un pequeño tubo por el que las larvas expulsan agua tras atravesar las branquias. El gallipato, al poseer branquias externas carece de espiráculo.

Por otra parte, nuestros anuros más arcaicos, los discoglósidos (sapo partero y sapillo pintojo), poseen el espiráculo en posición ventral, mientras en el resto aparece en el costado izquierdo.

El tamaño de las larvas es un aspecto menos determinante, dada la gran variabilidad que puede mostrar una misma especie dependiendo de las condiciones ambientales y del estado de desarrollo

Clave identificación de larvas de anfibios